23 feb. 2011

La visita

Una duda se instaló en mi cuarto.

Ya la había visto cuando intentó subir al modular sin conseguirlo. Finalmente se trepó por el cable del equipo de música y se sentó sobre un parlante.

Como pancho por su casa se puso a leer un libro; terminó y se me quedó mirando fijo (con cara de duda, claro).

La duda no era grande, pero si era pesada y hasta molesta; jamás cambiaba el rictus y eso me ponía nerviosa.

Le contaba chistes y nada; le leía un poema y nada; le hacía cosquillas y ni una mueca.

Personaje extraño la duda, nunca dormía; estaba ahí, inmóvil como estatua; sólo giraba la cabecita para perseguirme con su mirada dubitativa en busca de respuestas, pero yo no tenía ninguna y no se me ocurría qué decirle.

Unos días después y con ojeras hasta el piso (porque el insomnio vino a compartir el rancho con la duda), le propuse un pacto: ella me decía el por qué de su visita y yo le aclaraba los tantos.

Pero la duda no sólo no me respondió, sino que además, llenó de dudas mi cama y mi placard.

2 comentarios:

  1. tambien hay una en casa, no se si sera la misma. cuando me doy cuenta que esta, miro para otro lado y trato de ignorarla. ella sonrie y se queda quietita, sabe que la vi y con eso le alcanza.

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  2. te tocó una buena por lo menos.
    yo todavía estoy sacandolas de mis sabanas.

    gracias por comentar!

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Los anfibios dicen que: